En aquellos días …

Después de una larga ausencia de parte de este su humilde servidor, aquí les traigo una anécdota mas de mi mas grande colaborador: El Señor Carlos Alejandro Vázquez Gutiérrez Está muy interesante y cuenta una crónica muy especial sobre los trenes en aquella época de los años 50’s Espero la disfruten tanto como yo

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Locomotoras como esta, arrastraban los Trenes 101 y 102

HACE 50 AÑOS

Lo que a continuación habré de relatar, narra una experiencia que, hasta la fecha recuerdo con mucha nostalgia, por tratarse de mi Señora madre, Doña Jovita Gutiérrez (qepd) y de un inolvidable viaje a la ciudad de México, ocurrido en junio o julio de 1958Para eso, hay que aclarar que mi hoy fallecido hermano, Lic y Maestro en Economía, Jorge Enrique Vázquez Gutiérrez, celebraba su Primera Comunión en le Ciudad de México, y esto ocasionó el viaje de referencia
Así, como al filo de las 23 horas de un día que no recuerdo la fecha, pero dentro de esos meses, mi señora madre me tomó de la mano y a pié me condujo a la terminal de aquellos famosos autobuses «Flecha Roja», que se encontraban en la última cuadra de la calle Revolución y que hoy pomposamente se denominan «AU»; al llegar a la taquilla y pedir dos pasajes a la ciudad de México, se encontró que el autobús directo a esta capital acababa de salir y que sólo podía adquirir pasaje en los horribles autobuses guajoloteros

Me volvió a tomar de la mano, abordamos un taxi a la Estación Nueva, de Ferrocarriles; yo que estaba amodorrado y somnoliento, únicamente oí que íbamos a tomar el tren y el sueño se me pasó del gusto y la emoción Muy a tiempo llegamos, el taxi hizo el trayecto rápido (no había las avenidas de ahora, solo la Miguel Alemán y todo aquel recorrido se hacía en 10 minutos máximo por un terreno totalmente vacío); mi mamá, como siempre, compró dos boletos de Primera Numerada y nos sentamos a esperar la llegada del tren procedente del Puerto de Veracruz

Exactamente, a las 005, el portero anunció con un campanazo el arribo de ese tren; mamá y yo bajamos la escalera que conduce al andén; la llegada de ese tren era espectacular a mis 8 años: una preciosa locomotora diesel eléctrica, General Motors, F6 o F7, verde, con una espiga dorada que se transformaba en línea roja sonaba su campana y arrastraba un hermoso tren, largo, largo, de aproximadamente 12 vagones (Express, correo, segunda clase, primera clase, primera numerada y dormitorios); abordábamos un coche de primera numerada, con asientos reclinables de terciopelo velour y paños blancos; esos vagones desaparecieron al principio de los años 60’s; eran suizos, de grandes ventanales y pintados blanco con verde

A los 20 minutos y después de que la locomotora partiera y le agregara el coche dormitorio que se quedaba en Xalapa, partía con toda velocidad, hasta llegar a la ciudad de México parando en Las Vigas, Perote, Oriental y San Lorenzo, Hgo y en algunas estaciones intermedias, esto lo comento porque el tren 101-102, llegaba a la capital de la República con una exactitud asombrosa, siendo esto notable, porque respetando del derecho de vía del Ferrocarril Mexicano, tenía que alargar su trayecto al abandonar San Lorenzo, Hgo, tomar el ramal a Pachuca (lo que daba oportunidad de que el tren pasara debajo de la arquería del acueducto Zempoala-Otumba) de ahí se desviara con rumbo a Lechería y entraba por la actual Av Ferrocarril de Hidalgo, a los patios de Nonoalco, y de ahí, hacia la antigua estación de Buenavista-Nacionales (junto a la estación de Buenavista-Mexicano, ambas completamente desaparecidas y la «nueva» Buenavista pasó a ser sede de un tren dizque «ligero», acabando con una añorada época)

Para no aburrirlos, llegamos a casa de mi tía Emmanuela (que, como dije, vive en Coatepec, de 96 añotes); fuimos a la ceremonia de mi hermano y al día siguiente, nos encaminamos a la Estación de Buenavista-Nacionales a abordar el tren a Xalapa, y aquí empezaron las peripecias:

En aquellos años, los trenes de salida se agrupaban a la intemperie del patio oriente de Buenavista; los separaba una barda del patio del FCM (Ferrocarril Mexicano); carecían de letreros de señalización o cuando los había, anotaban con gis blanco el destino de cada tren, inútiles en temporada de lluvias, como nos tocó

Como se acercaba la hora de la salida, abordamos un carro dormitorio y atravesamos cinco más para llegar al carro de primera numerada; tomamos el asiento que nos correspondía y ya acomodados, que una pareja de edad avanzada nos reclama su asiento; mi mamá les indicó que era nuestro el lugar y con las voces que se hace presente el Auditor y al revisar los boletos que le dice a mi mamá:»¡Señora!, este boleto indica que van ustedes a Xalapa y este es el tren que va a Ciudad Juárez ¡Es el siguiente tren a la derecha de este y apúrele que está a punto de salir!» Nos bajamos y llegamos a la plataforma de uno de los dormitorios en el momento que gritaba el Conductor el consabido y añorado «¡Vaaaaamonos!»

Tomamos -ahora sí- el asiento correcto y la corrida correcta; en el asiento de enfrente viajaban dos simpáticos capitanes del H Colegio Militar que iban a Veracruz; mi mamá siempre fue muy platicona y en el trayecto, me arrullaron con su conversación, después de haber saboreado un riquísimo café de un «termo» que traían los militares

Desperté de mi sueño llegando a Oriental, Pue, lugar donde en ese entonces se cruzaban los trenes: el que «subía» a México y el que «bajaba» a Veracruz; llegaban uno y otro, como relojito, con puntualidad asombrosa

Y hete aquí que a pesar de haberse agotado el tiempo de espera, ninguno de los trenes se movía, lo cual extrañó al pasaje; un rumor in crescendo venía del carro delantero y que van apareciendo el Conductor, el Auditor, el Fogonero, el Maquinista y los Garroteros, avisando al pasaje, más o menos con estas palabras:»¡Señores Pasajeros!, han de perdonar este retraso, pero estamos en paro de una hora, porque el gobierno se niega a reconocer al Compañero Demetrio Vallejo, como nuestro Secretario General La tripulación les rinde una disculpa y espera de su comprensión»

¿Cuál fue la reacción del pasaje?

Todos, sin excepción, incluso los militares, aplaudimos a rabiar y algunos gritaron «¡Viva Vallejo!, ¡abajo los charros!» y con gusto esperamos esa hora de paro (al pasar de los años, me entero que esos paros estaban determinados para horas de la mañana ¿qué sucedió? Sólo Dios y Vallejo lo sabrán)

Ya para acabar, llegamos a la sin par Xalapa con dos horas y media de retraso, al filo de las 700 a m, aquí viene a mi memoria un gratísimo hecho: al bajar de Perote, cerca de Las Vigas y donde nace la barranca de Actopan, se presentó a nuestros ojos un espectáculo que jamás he vuelto a ver en mi vida, un bellísimo, divino manto de nubes doradas que rodeaban la salida del sol y aún me estremezco al recordar y recuerdo que mi madre me decía: «Mira, hijo: es la casa de Dios»

Esos eran los viajes que ya nunca, nunca volverán «gracias» a un presidente «revolucionario institucional» que vendió los Ferrocarriles -que Don Porfirio había empezado a nacionalizar en julio de 1909- a los extranjeros ¡Allá su conciencia!

Espero no haberlos aburrido

Gracias

CARLOS ALEJANDRO VÁZQUEZ GUTIÉRREZ

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Muy bonita ¿verdad? Esperen más anécdotas de este xalapeño de corazón que gustosamente comparte con todos nosotros Un agradecimiento muy grande para el de parte mía muy personal Saludos

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