El piojito

Xalapa_13

A finales del siglo XIX, las autoridades de la política y la cultura nacional inauguraron un trenecito que recorría de Xalapa a Teocelo.

Pasaba por los siguientes poblados: la Orduña, Xico y Santa Rosa. Los viajes de ida y vuelta lo realizaba una vez por día, sin horario fijo, lo que obligaba a los pasajeros a distraer varias horas para su traslado: impuntual pero pintoresco.

Su punto de llegada en Xalapa estaba donde hoy se encuentran las oficinas de la Comisión Federal de electricidad en la calle Ignacio Allende. La gente comenzó a llamarle así porque los usuarios de este servicio en ocasiones no contaban con agua en sus hogares, por lo que subirse a este tren llevaba el riesgo de que al bajarse se llevaran piojos en la cabeza.

El trenecito, que la gente cariñosamente llamaba «el piojito» pertenecía a la Compañía de luz y fuerza, una corporación extranjera. Sus planes eran crear más transportes semejantes al «piojito» para unir distintas poblaciones; pero se hizo imposible cumplir los proyectos, dada la accidentada geografía que separa nuestros lugares.

El más famoso de estos fue «el Huatusquito» que sólo logró cumplir con una parte de su propósito, llegando desde Córdoba hasta Coscomatepec, sin poder arribar nunca a su destino, Huatusco.

En la década de los 40 del siglo pasado, suspendieron el servicio de «el piojito» a causa de la modernización que exigían las vías de comunicación.

Como ha sucedido con todas las sorpresas preparadas por el desarrollo tecnológico, las viejas costumbres que parecían fácilmente olvidadas, quedan en la nostalgia de los habitantes.

Fuente: ‘Historias, cuentos y leyendas de Xalapa’ 3ra Edición 2011

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