Sucedió en 1948 … (Colaboración de Carlos Alejandro)

Una colaboración más de mi estupendo amigo Carlos Alejandro Vázquez Gutiérrez, del que ya les he platicado. En esta ocasión les trae una historia algo extraña que le sucedió a su abuelo. Muchas gracias por estas anécdotas tan fascinantes amigo y esperamos más de ellas.

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Sucedió en 1948 …

Mi señor abuelo materno, Capitán Primero Don Demetrio Gutiérrez Carrera, nativo de Cosautlán, tuvo una existencia la mar de pintoresca; huérfano a los 12 años de edad, quedó con la custodia de sus pequeños hermanos y mendigando llegó a Coatepec, en donde se encontró a un bondadoso gringo de apellido Arbuckle, quien le dió, junto con su esposa, cobijo por su penosa situación y siendo ese señor, ferrocarrilero, inició a mi abuelo en el trabajo de llamador de maquinistas de la empresa de «The Xalapa & Córdoba & Power Railroad», conocido posteriormente como «El Piojito». Como no es mi deseo aburrir a quien me hace favor de leer estas líneas, omitiré comentar detalles; solo me resta decir que de ese Ferrocarril pasó al extinto Interoceánico; siendo fogonero de camino estalló la Revolución y no fue sino hasta 1920, con el asesinato de Carranza, con el que militó, regresó a los FF.CC. N. de M. a ocupar su puesto.

En fin, ya entraremos en detalle a su pintoresca vida…pero ahora nos trasladamos a 1948.

En aquellos años, mi abuelito era dueño de una casa que se encontraba -encuentra- en la calle de Victoria, entre Bustamante y Guerrero; solo recuerdo que la llegué a conocer teniendo su servidor como 8 años de edad. A mi abuelito no llegué a conocerlo, pues falleció en un accidente el 13 de enero de 1949 y yo nací el 13 de diciembre de ese año…Pero no nos perdamos y aquí relataré un suceso que me contaron, tanto mi madre Jovita Gutiérrez -que en paz descanse- y mi tía Emmauela Gutiérrez, que vive actualmente en Coatepec, con 96 preciosos años a cuestas y una lucidez envidiable.

Sucedió que, de la noche a la mañana, dió por aparecer en el patio de esa casa, un fantasma tan real e inofensivo, que mi abuelita, mi tío Manuel, mi prima Rosa María Campos y demás habitantes, ni caso le hacían. Era un hombre de regular estatura, ataviado con una elegante levita del S. XIX y con una barba cortada en forma de perilla, como era costumbre en los años 60 y 70 de ese siglo. Aparecía junto al árbol que se muestra en la fotografía adjunta, dando dos o tres vueltas, acariciándose la barba misteriosamente y de desvanecía…a plena luz del día.

Al verlo tan inofensivo, mis parientes no le daban importancia hasta que ese fantasma entró a la casa, tomo del talle una joven fámula, la cual aterrada dió espantosos gritos y acabó por renunciar y abandonó la casa de inmediato.

Al llegar mi abuelo de su corrida y enterarse de lo sucedido, dijo a mi abuelita que no había duda que en árbol había dinero enterrado y que al alma en pena se había atrevido a pasar al interior de la casa, para llamar la atención, ya que se le ignoraba por completo y que eso significaba que ofrecía su fortuna.

Mi abuelo dijo a mi tío, Lic. Manuel Gutiérrez, que el domingo siguiente, día de descanso, consiguiera pico, pala y alcohol para los gases. En efecto, escarbaron donde se aparecía el ser aquel y ¡que topan con un objeto metálico!, con la caja repleta de monedas de oro…pero…al abrir la caja, mi abuelito dijo a mi tío:

«-Hijo, este dinero no es para nosotros. Tengo un mal presentimiento, muy, muy fuerte. Devolvámoslo a su lugar».

Así lo hicieron y meses después, mi hermano mayor Víctor Manuel Vázquez Gutiérrez, ¡falleció atropellado por un automóvil en la esquina de Úrsulo Galván y Balderas!. Esa tragedia sucedió el 7 de diciembre de 1948…de haber sacado el dinero, mi abuelo hubiera tenido atroces remordimientos, hasta su muerte, acaecida, como ya lo decía, el 13 de enero de 1949.

¿Y la casa?, mi abuelo la remató, la adquirió una persona de escasos recursos…¡que se hizo riquísima!.

Como me lo contaron, se los cuento..

Carlos Alejandro Vázquez Gutiérrez

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